martes, 11 de febrero de 2014

Claudio Alberto Dionisio Fermín Nepomuceno Umberto y Mariana y punto

"...empezaron, como lo hacían frecuentemente, a contarse cosas (siempre les quedaba alguna peripecia inédita), y él, cómo máxima prueba de confianza, le confesó su procesión de nombres. Mariana, que tenía la risa fácil, empezó con mohínes de asombro y concluyó en carcajadas de repetición. [...] El nombre que más le divertía era Nepomuceno y, a partir de aquella jornada, cada vez que, por alguna razón, importante o nimia, discutían, ella de pronto decía "Nepomuceno" y el nombre clave les devolvía la alegría de estar juntos. "Y vos, ¿cómo te llamas? ¿Mariana y qué más?" "Mariana y punto", dijo ella. Y así, cada vez que ella lo llamaba Nepomuceno, él le replicaba "Mariana y punto"."

(La borra del café - Mario Benedetti)