sábado, 4 de enero de 2014

No quería hacer esta publicación porque tenía miedo de ponerme a llorar mientras la escribía. Pero necesito descargarme, ya pasaron algunos días y estoy un poco más fuerte. El tema es, hace un poco más de una semana mi abuela se fue. Se fue de esta vida para siempre, se fue a encontrarse con mi abuelo, se fue. No sé como explicar lo que sentí en ese momento. Me siento muy dolida por dentro. La última abuela que me quedaba no la supe aprovechar del todo. Cómo me gustaría que hubiera un teléfono directo al lugar donde estés y poder decirte: Perdón, tendría que haber ido a visitarte más, a charlarte, a tomar unos mates, a decirte cuánto te quiero. Pero siempre me ponía alguna excusa: Porque está lejos, porque no quiero viajar 2 horas en colectivo, porque bla, porque bla... Y yo sabía que me iba a pasar esto, pero no tan inesperadamente y tan rápido. Me cuesta sacarme la imagen de mi mamá contándome la noticia. Desde ese momento fueron días de infinita culpa interior, tristeza, lágrimas; imposible vivir con tanta angustia en el cuerpo, el corazón, la mente o lo que sea. No poder verte por última vez, todavía me rompe el alma. Espero que sepas que te amaba, te amo y te voy a amar siempre. Sé que allá estás mejor. Sé cuanto extrañabas al abuelo y que estos años que estuviste sin él fueron un período de soledad que te torturaba. Como me dijo mi hermano, ya se debe haber encontrado con él, y se habrán puesto a jugar a las cartas, y a contarle lo que vivió mientras no estaba. A decirle qué grandes están sus nietos, a recordarle lo buenas madres que son sus hijas, a volar por el cielo como los dos ángeles que siempre fueron.
Nunca pensé que iba a ver a mi mamá tan triste. Por eso, sacarle una sonrisa en estos días es como un respiro en el infierno. Pero yo sé que todo pasa; pero nunca, nunca te vamos a olvidar, porque siempre quedan los buenos recuerdos; tu voz por teléfono a las 11 de la mañana cuando estaba sola, preguntándome si había cerrado la llave de gas, si tenía para comer; tu amor hacia nosotros, tu personalidad única, cómo siempre andabas a mil, tus comidas, cómo nos mirabas por la ventana cuando íbamos a tomar el colectivo a la esquina. Fue el primer fin de año sin vos, y por eso brindé en mi mente con vos, en donde Dios quiera que estés! Hasta siempre, hermosa. ♥