Siento día a día que se está terminando todo. Sí, en dos semanas termino el colegio, pero todavía no caigo, voy a dejar mi segundo hogar. Todos me dicen que afuera me espera lo más lindo, pero me niego, NO NO Y NO. No quiero. Están todos re felices que ya llega Diciembre y me siento una nenita queriéndome quedar en las aulas con ventiladores que andan a medias, paredes que se caen a pedazos y bancos escritos con liquid paper y marcador. Pero nadie entiende que es un lugar donde me siento resguardada, cuidada, querida, me siento como en casa (aunque a veces no aguante más estar encerrada en un aula). Los profes, cuánto aprendí de algunos y cuánta bronca me dieron otros. Los preceptores, cuántos problemas y alegrías les conté, cuántos consejos me dieron. Me duele profundamente dejar todo esto cuando a la mayoría creo que no le importa. Odio ser tan sensible, sentimental, pero esto de salir a la vida real no me gusta, de dejar muchos años atrás, de ver a los nenitos subiendo a gimnasia gritando Raúl Raúl metete en el baúl. Hola tiempo, te tengo miedo. No te pases más. Quedate congelado un ratito.
Hice muchas publicaciones de este tema pero yo no sé como más expresarlo, siempre me queda algo adentro por decir. Y ahora, más cerca del final, más fuerte lo siento.
A veces estoy en un lugar cualquiera: particular, un cumpleaños, cenando; y me agarran unas ganas desesperadas de llorar y llorar. Yo no sé si es por esto o me pasa algo más. Ya ni sé que tengo adentro, estoy confundida y mezclada.
Y también debería estar estudiando.
