martes, 22 de octubre de 2013

Crecer. Esto que nos asusta a todos, o al menos, a una gran mayoría de personas. No puedo hablar mucho de crecer porque no llevo una vida tan larga aún, pero es loco ver cómo las etapas van quedando atrás, y vas entrando en nuevas...
Ejemplo. Hace 10, 9 años veía a los chicos del último año del cole y pensaba que eran gigantes, que eran serios, que sus recreos eran aburridos porque no saltaban a la soga ni corrían por todo el patio. Tiempo después decía, "te imaginás cuando lleguemos a ese momento?" Ese momento de diseñar los buzos de egresados, de irte a Bariloche y todas esas cosas. Bueno, todo eso ya pasó. 
A veces uno espera algo tanto tiempo, que, sin darse cuenta, te pasa por encima como si fuera en un solo tic-tac. Y te das cuenta que ya estás grande cuando tenés que estudiar más cosas, cuando te vas a inscribir a la universidad, cuando pensás qué va a ser de tu futuro, cuando empezás a tener esos primeros "amores", cuando sentís un montón de cambios en un montón de ámbitos, cuando comenzás a ser más independiente, cuando ves que los problemas ya no son hacer la tarea de practicuentas que tenés que hacer en el block Congreso.
Y es verdad lo que dice la canción, el tiempo no para. Por eso hay que disfrutar cada momento como si fuera el último, aunque todos sabemos que eso no es fácil y que no lo pensamos cuando estamos sentados en el colegio, en una clase aburrida, esperando media hora para salir al recreo.
El otro día fui a un hogar de abuelas y me puse a hablar con una de ellas. Ella me dijo algo como, "vos siempre seguí tu camino, no te detengas por nadie, porque el otro sigue, y vos no te podés quedar parada en la vida. Tené siempre ganas de saber, pero no por ser chusma, sino por interés, por curiosidad de aprender siempre cosas nuevas. Yo con 94 años tengo ganas de vivir. Dios te da vida para que la uses, no para que te quedes sentada quejándote. Acordate que las cosas siempre pasan por algo. Nada es casualidad."
Y yo le dije, "por ejemplo, no es casualidad que estemos hablando ahora". "Es verdad -me respondió-, yo aprendí algo de vos y vos quizás aprendiste algo de mí. Capaz en algún momento de tu vida te acuerdes de mí y digas, ella tenía razón con lo que me decía"
Me dijiste que tu nombre significaba luz. Y ahora que lo busco mejor, una página dice "aquella que lleva la luz".
Vos, ese sábado, encendiste una luz en mí, me llenaste de amor. Qué loco cómo me empezaste a hablar de la vida y a darme consejos hermosos. Quiero que me quede plasmado eso siempre, quiero tener esas ganas de vivir que vos tenés. Sos admirable, pude ver en tus ojos completa sinceridad y humildad. El "gracias" que te dije me quedó chico. Y capaz cuando vuelva no te acuerdes de mí, pero no importa, la lección de vida que me diste fue impagable. Dios te sorprende cada día con cosas nuevas.

En este momento pienso:
A aprovechar el tiempo, a vivir con ganas.